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«Los pianistas debemos reinventarnos constantemente»



La Pianista Rosa Torres-Pardo

Dos ballets rusos, Romeo y Julieta de Prokofiev y Petrushka de Stravinsky, vertebran el recital que la pianista madrileña ofrece esta tarde en la Sala de Cámara del Kursaal.


Las dos obras que interpreta hoy le han acompañado a lo largo de toda su carrera. ¿Se siente especialmente identificada con ellas?
- Son obras importantes para mí. Con Petrushka gané el Premio de Fin de Carrera con 20 años y Romeo y Julieta me ha acompañado también siempre. Son composiciones que he ido variando a lo largo de mi vida. Son difíciles, sobre todo la de Stravinsky, escrita en cuatro pentagramas en vez de en los dos habituales.


Son obras concebidas para ballet. ¿Se puede conseguir que, de alguna forma, el piano 'baile'?
- Sí, sintiéndolas así. Si uno ve el ballet danzado por Nureyev y Fontaine es más fácil meterse en ese mundo. Además, en este caso, las dos obras son ballet puro.


El concierto de hoy cuenta con una proyección. ¿Qué opina de este tipo de iniciativas?
- Me parece estupendo. Todo lo que se añade, da más información. Lo que no voy a hacer es mezclar las imágenes con el momento del concierto. Daré unas explicaciones, luego se verán las imágenes de Romeo y Julieta, explicaré cómo fue la época y cuando yo toque, lo haré con unos dibujos que hizo Eduardo Arroyo que estarán como fondo de escenario. Cuando termine Romeo y Julieta pasaré sin interrupción a Petrushka. Creo que así la gente se ubicará en la historia, verá a las marionetas bailando y luego escuchará la obra.


¿Por qué ha escogido este diseño para el concierto?
- Porque para mí es lo que tiene sentido y lo que me emociona. Veo bailar a Nureyev y Fontaine, lo ensueño, lo reproduzco por dentro y me crea una inspiración para interpretar la obra que creo que va a sugerir muchas cosas al público. Además son obras concebidas para orquesta y ballet, pero desde el piano. Tanto Prokofiev como Stravinsky eran grandes pianistas.


¿Cómo vendería este encuentro al público?
- Les diría que se muevan por la curiosidad. Es un encuentro que interesa a los que aman el ballet, a los pintores y a los que les gusta el piano. No hay mestizaje, todo sigue su orden. Además, dura una hora y poco, por lo que no va a ser nada pesado. A la única que le va a costar es a mí, porque es un programa dificilísimo.


¿Opina entonces que el público disfruta más cuando se le ofrece más que música?
- Yo hago este tipo de cosas porque me encantan. He hecho Iberia de Albéniz con danza y poesía. Introduces otras cosas que a ti mismo también te inspiran y esto puede servir para atraer a esos nuevos públicos que necesitamos. Hay que innovar, intentar llamar la atención de la gente que no suele acudir a los conciertos.


Parece que en ese afán de innovación ha prestado más atención a compositores españoles o rusos del siglo XX.
- Según el momento. Desde luego, estamos más cerca del siglo XX que de Mozart o Bach, pero a mí, por ejemplo, me gusta volver siempre a Beethoven, que me encanta y pienso que no hay nada mejor que él. Sin embargo, somos parte de nuestra época. Por eso, no dudo en cómo debo tocar la música de Messiaen o cómo cantar a Albéniz. Las únicas dificultades con las que te encuentras son las técnicas y por eso hay que trabajar siete horas diarias.


¿Es posible esa dedicación con un calendario lleno de conciertos?
- Sí, con mucha concentración. Cuando voy de viaje a un concierto, me concentro hasta tal punto que nada me saca de lo que tengo que hacer. Lo realmente difícil es mantenerse. Cuando llevas ya una carrera de unos años tienes que mantenerte, e incluso mejorar eso que has hecho bien o mal durante años.


Ha dicho que se encuentra más cerca del siglo XX. ¿Y de la música contemporánea?
- Me tienta, pero no tengo tiempo para hacer todo el repertorio que existe para piano. Quizá uno debería especializarse en ello. Si las orquestas te piden que toques Beethoven o Saint-Saëns no puedes abordar otros repertorios.


Hoy ofrece un recital, pero usted ha tocado con orquestas. ¿Se siente más libre cuando toca sola?
- Tocar con una gran orquesta es impresionante, pero no se ensaya y eso crea mucha tensión. Hoy en día, o tocas con una orquesta estable, o si no, te llega una agrupación extranjera con la que tienes que ensayar a las 3 de la tarde cuando tienes el concierto a las 8. No hay nada más bonito que tocar con otros músicos, porque estás dando y recibiendo, pero en ese aspecto prefiero la música de cámara. Tienes más tiempo para trabajar. Y me gusta también tocar sola.


¿Cómo ve la situación del piano en España? ¿Hay buenos intérpretes y oportunidades de tocar?
- Hay muchos y muy buenos pianistas jóvenes, pero sí hay crisis, porque no están todos tocando, sobre todo los de mi generación. No sé cómo salimos adelante y los que nos mantenemos es por una pasión enorme. Es muy difícil sobrevivir siendo pianista. Hace años estaba, por ejemplo, Alicia de Larrocha, que tuvo la oportunidad de hacer una carrera internacional. Es verdad que era buenísima, pero también tuvo esa posibilidad. No digo que ahora la situación sea peor. Ahora hay más competencia, pero también más conciertos, más público y más posibilidades de tocar. Si crees que esto es lo tuyo, no hay que tirar la toalla. Hay que reinventarse constantemente. La clave es renovarse.


 




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